Estoy asustado. Asustado ante los artistas que pretenden llamar "arte" a lo que hacen o, digamos mejor, a lo que cagan sus mentes.
Si el arte es una "virtud o habilidad para hacer algo" (RAE) está claro que todos llevamos un artista en potencia dentro, luego han de hablar nuestras musas y nuestra sensibilidad para manifestar la "actividad mediante la cual expresamos una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros"(RAE).
Quizá el arte moderno arrastre a la masa a dos posturas divergentes, hay una mínima cantidad de gente que amará la obra, otra, la mayoría, odiará desde la ejecución hasta la consecución, aún sin contar con los snobs que beberán los vientos por todo aquello que huela a posmoderno, eso si, éstos últimos, a diferencia de la minoría que antes cité, no tiene ni puta idea de lo que habla ni de lo que le gusta, ansían las corrientes del arte que no comprenden pero quedan bien en un ático del centro en forma de cuadro.
¿Y si el arte implica sufrimiento? Pero no sufrimiento que socava el alma sino sufrimiento animal, sufrimiento incomprensible, pero no la clase de sufrimiento que puede provocar en nosotros una obra de arte, aquella que nos descubra sentimientos hondos de nuestro ser; no, no me refiero a ese sufrimiento, me refiero a éste:
Pero en este caso la culpa quizá la tenga la Asociación Habana Espacio Libre por permitir esto, es decir, por permitir que anormales jueguen a crear.
Este "artista" es un hombre español, es decir, un hombre sin imaginación (citando a Ortega), un hombre al que le gusta ver las cosas y tocarlas, ser un hombre realista, que no se inmiscuye en pensamientos abstractos y ama lo finito, lo que comprende solamente. Y lo que comprende es cómo hacer que su obra tenga relevancia (mediática) pero encierre la sensibilidad de un zote.




