Le diré de mí mismo que soy un hijo de mi tiempo, un hijo de la increencia y de la duda, lo he sido hasta ahora e incluso (lo sé) lo seré hasta que me muera. Cuántas penas me ha costado ya mi sed de fe y cuántas me cuesta todavía. Una fe que se vuelve más fuerte en mi alma cuantos más argumentos contra ella encuentro.

Fiodor Dostoievsky

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25 noviembre, 2012

CASA RETOMADA

Sentado tranquilamente en el sofá, ahogando el cigarro en el cenicero, sigue mirando la foto de Irene. La echa de menos de más, todavía recuerda cómo vivía con su querida hermana, cómo hacían todo juntos en otro relato, la tranquilidad y la paz del que se sabe inútil les había unido. Alguna vez añora las cálidas piernas de ella, las noches sin dormir, su olor.

Enciende otro cigarrillo, está sereno y oye ruido en la cocina. Se extraña pero mantiene fija la mirada en  la foto, luego, ordena algunos sellos españoles que ya no valen nada para nadie. Sí para él.
El ruido crece.
Se levanta despacio, con asco, y se dirige a la cocina pero una vez allí no entra, se queda en la puerta. Los recuerdos le trepanan los sesos. Coge el pomo de la puerta y la cierra suavemente, sin hacer ruido para no molestar, para seguir haciendo sus cosas. Se sienta en el sofá y apura la última calada del pitillo.

Se duerme con ceniza sobre el regazo. Se despierta, al alba, mira alrededor, confuso, con baba en las comisuras y regusto a fuego en la garganta.
Se incorpora, es mediodía, y mira la foto de Irene, adusto, duro. Distante.

Recoge las cosas y mete algunas en cajas, mira los sellos y los deja sobre la mesa. Se sienta en el sofá, lo único que queda en el salón, lo único que es suyo para encender un cigarrillo y escucha otro ruido, diferente al que oyó mucho tiempo atrás. Proviene de la habitación de Irene. Masculla palabras de desidia pero se levanta, indeciso, anda, se acerca dónde antes dormía su amada hermana, el ruido es confuso, agarra la puerta y la cierra.

Pensativo vuelve al desierto para limpiar el polvo que ya no es suyo.

Avanza hasta las cartas prefilatélicas para meterlas en una de las cajas. No merecen la pena. Se sienta en el suelo y enciende un cigarrillo. Ahora mira hacia el sofá pero ya no es el mismo, es otro. No es suyo. El humo empequeñece sus ojos. Los cierra y se duerme.

Mira el reloj a medianoche, tiene frío y se levanta del suelo, se queda pensativo, de pie. Guarda los libros en cajas, entre penumbras y mira a Irene. Se enciende un pitillo, sin ganas pero con ansia. Amanece. Un fuerte ruido avanza hacia el salón y lo entiende.

Recoge el antiguo reloj, bonito, de ficción, y mira a Irene. Una sonrisa, imperceptible, de conformidad recorre sus labios. Recoge la chaqueta y se la pone. Se dirige hacia la puerta de entrada, el ruido se acerca. La abre, no mira hacia atrás, su mano derecha coge el pomo, de espaldas, y la cierra. Anda y no piensa, eso ya no vale para nada mientras se maldice. Tira la llave a una pequeña abertura de una alcantarilla esperando a que nadie realquilara una casa tomada.

Nunca más volverá a firmar hipotecas.






*Del maestro se aprende, al maestro se homenajea: Casa tomada.


02 julio, 2011

ROAD MOVIE FROM AQUÍ

Viven los bastos espartos tras los vastos campos de esta vida que me sale gris y algún día pensé que era blanca, lechosa; ahora, que, rayando los treinta, no me puedo beber un gin tonic y fumarme un mísero cigarro sin que el corazón se me acelere y el estómago me haga regurgitar a la mañana siguiente un eructo de desaprobación hacia mi adolescencia excesiva.

*


Y ahora estoy huyendo por esta carretera con fin, como en el final de aquella película de Rob Zombie, con los Lynyrd Skynyrd a cuestas, sabiendo que me van a tirotear al final del camino, que me están buscando porque si me buscan es que algo quieren, que algo he hecho. Y yo creo que no he hecho nada, sólo sudar (puto verano), mas no sé si más es menos cuando en realidad menos es mi aspiración, mi meta(física).

¿Me he aburrido ya? ¿Es verdad que ya no lo quiero intentar más? Estoy perdiendo a mis amigos, como decían Brand New y ya parece que me da igual porque tiendo a simplificar mi vida porque no entiendo que no salir en la Wikipedia no sea factible, la realidad ha cambiado y sólo sé que el lenguaje es la mayor mentira de todas, gracias a Lanthimos, gracias Kez, gracias Friedrich y gracias José Luis, en especial a ti, por meterle la mano en el culo a un cuervo y tenerle miedo a Monchito.

Y es que puede que huir por carreteras secundarias como ésta no sea realmente huir sino empezar de nuevo bajo nuevo sino, si no, por qué miras esas nubes y las embebes cuando sabes que el sol espejea detrás, quizá haya después, después de todo. Me tomaré un gin tonic despúes de lavarme los dientes con Listerine, así se sufre, así se vive por aquí. El único remedio es encontrar una buena venta tras los cardos y que se quiten de en medio esos putos moteles ruinosos que venden la deshumanización de lo humano, que atisban lo salvaje que tenemos dentro, el sueño americano... ¡bah!... todo mierda, mejor encontrar una venta a ras de asfalto y comerme unos huevos fritos y un plato de jamón.





*Aclaraciones y gracias que doy:  Muchas gracias a Alex Abián por compartir y dejarme esta foto con la que acordamos inspiración y una pequeña entrada en este blog. Espero que me deje más fotos en primicia y poder encontrar la tan ansiada inspiración entre los millones de píxeles de su cámara, yo por cierto, uso una Nikon D80, no me da el presupuesto para más. 
Para todo aquel interesado al que le haya gustado mucho más la fotografía que el texto (y viceversa) dejo aquí todos los enlaces de lo relacionado con su trabajo:

Personal Website: http://www.alexabian.com
Blog: http://www.alexabian.com/blog
Facebook: https://www.facebook.com/AlexAbian
Twitter: http://twitter.com/#!/AlexNoLogo

13 diciembre, 2010

ASUMIENDO SOLO

El verbo salir necesita del imperativo beber.



Mi morada dista bastante del centro así que, una vez más, salí con mucha antelación para una reunión-cena de amigos a sabiendas de mi paso rápido, asumiendo que solo sin acento es solo solamente. Una cena puede esperar pero yo no sé llegar tarde, soy un consumado experto en llegar antes así que la soledad y el frío suelen arrastrar mi culo hacia algún bar cercano.

Una copa de vino calma los nervios y templa el temple, echas vistazos en derredor y ves la felicidad que despiertan las noches de un sábado cualquiera y un guiri a tus espaldas lee la carta sin entender la magia que encierran las metáforas del tapeo murciano y pide un "ensaladilla iursa" y piensas que en un tascucio de Liverpool estarías igual o más perdido y el guiri sería tú y observas y escrutas de nuevo y las conversaciones se amontonan formando una pared ininteligible hasta que te centras y las almas de barra y caña te hablan sin hablarte y te instruyen sin saberlo.

- ...adores aéreos. Porque si no dime tú. Fíjate, lo que le pasó el otro día al Madrid es (otra vez el fútbol, bebo un trago de vino y estoy dispuesto a no escuchar) cuestión de confianza en el grupo, joder, cómo va a defender con los mismos cojones un defensa que sabe que su juego no se va a ver recompensado por la mierda de la delantera que no aprovecha ni una mísera ocasión que otro que otro que sabe que si se deja el tobillo en un entradón no pasa ná porque luego va a pasar el balón p´alante y le van a meter cinco a los otros. Un delantero, igual, no se va a dejar los cuernos si cada vez que llegan a su portería le cascan un gol, se la suda enterica. La confianza te convierte en una piña.

Y desconectas para siempre mientras piensas que Kipling decía que la fuerza del lobo reside en la manada y te gustaría encontrarte con una manada de lobos para demostrarles que todo es cuestión de confianza y luego sacar una escopeta para zanjar la discusión y mostrar buenos argumentos a balazos y reír más fuerte al ver que te llenan la copa de vino sin que digas ni mu cuando en realidad tendrías que decir beee porque estar solo implica no tener manada, en ser cordero en vez de lobo, en leer el Marca en lugar del As porque solo se siente indefenso ante la RAE y sólo sólo existe en la escritura de los contumaces.

30 noviembre, 2010

LOS AÑOS DE PAPEL

Son tiempos difíciles para la lírica, todas las señales en las que se basa la sociedad me fallan mientras el mundo me mira y no para los goznes. Un grandioso "que te den por culo" esboza y yo me río porque no tenía problemas hasta que he reconocido mi posición al otro lado de esta gran ruleta rusa. Pim.

Vivir creyendo que eres un fantasma del pasado y no tener ganas de arrostrar el presente porque el futuro aguarda grandes gestas para ti, etéreo y sin pasar apenas rozando por la vida, ésa que te dio todo lo que albergas entre las ruinas de tu alma. Pam.

A veces sientes que el mundo va cagando leches y te refugias en lo que confías dejando que lo desconocido te aterre y te escupa, ese mundo se puede convertir en la película que tú quieras porque tu talento está por encima de la técnica; a veces piensas que eres Gloria Swanson siendo Norma Desmond o eres simplemente un esbozo en la cabeza de Billy Wilder. Pum.




13 septiembre, 2010

DE CERCA



Esta mañana he vuelto a comprarme el periódico después de una temporada sin hacerlo pero es que me cuesta mucho adaptarme a la lectura en la pantalla, amén de ser un fetichista y disfrutar del olor de la tinta y el tacto del papel rugoso.
Echando un vistazo rápido por las portadas puestas boca arriba, he reparado en la portada del diario La Verdad de Murcia y mi expresión ha demudado con la noticia que enlazo aquí a través de la página web del periódico.


Este caso me sorprende porque realmente, La Meca, es una discoteca que se abrió hace ya muchos años en Águilas, muchos antes de controversias y ocupaciones, para pasar a un posterior cierre que la tuvo cerrada y olvidada como un emblema del pasado decadente. Pasando el tiempo, un grupo de empresarios ha vuelto a reabrirla para el regocijo de los que disfrutan de aires saturados. Ni me va ni me viene la reapertura, dicho sea de paso.


Lo que me llama la atención es que otra vez se pone de manifiesto la opresión que ejercen grupos radicales islámicos por un simple hecho semántico; aquí no se insulta a nadie por llevar un nombre que a ellos les puede parecer simbólico, sagrado o apostólico-románico. Resulta sorprendente cómo un hecho que has visto, leído o escuchado de lejos, toca a tu puerta o a la de tu vecino y no dejas de preguntarte, otra vez más, por el absurdo que supone que yihadistas se fijen, ahora en un pueblo del sureste, objetivos que nada tienen que ver con ningún tipo de lucha armada en pos de la consecución de una tierra santa. Se ha mancillado un nombre y ellos claman venganza.


El mundo está desatado y cuando todo está permitido recurro a la literatura, esta vez en manos de Hemingway: "no hay caza como la caza de humanos, aquellos que han cazado hombres armados suficiente tiempo y les ha gustado, nunca más se preocupan de otra cosa". 
Fuera ideologías, religiones o rencillas con el vecino, el caso es decir que esta boca es mía.






07 septiembre, 2010

LA CONFUSIÓN DE DIOS



Creo que últimamente estoy acercándome a Joseph K. e intento comprender cómo se accede a los vericuetos más inextricables de los que se compone la Ley. La Ley, ¿qué Ley?




Quizá, sólo quizá, estoy intentando acercarme al sentido de esta vida que no fue pedida por mi. Acercarme poco a poco a la luz que aclare todo sentido que no logro encontrar entre tanta distracción, encontrar el vínculo perdido y olvidado que nos une a Dios, a ese Dios que no es el dios católico, judío, árabe o la mente de Hawking sino que simplemente es la idea de que mi libre albedrío vital ha ocasionado el sentimiento de culpa en el que ahora habito. Por habitar en la ignorancia he perdido el contacto con el sentido extraño y confuso del sentido de la vida, de mi vida, todo se ha convertido en absurdo ante las puertas de la Ley, incluso la propia Ley. Dios ha muerto, es más, nunca existió en mi infancia, mucho menos en la hora del café, el cigarro y el postrer gin tonic (de Seagram´s, por favor, sin pepino, que me da asco).


Por mucho que podamos comprar tomos y tomos de leyes (nunca se me ocurriría) nunca creo que llegaré a encontrar esa Ley que nos ha sido vedada y hemos olvidado conscientemente, hemos delegado mansamente en cabezas visibles nuestros sentidos vitales para que hagan con nosotros lo que les de la real gana, que ellos interpreten y manden, que nosotros lameremos sus henchidas pollas de gloria. Hemos olvidado quién nos gobierna y han olvidado a quiénes gobiernan pero todo está bien, todo sigue igual, obedecemos sus leyes y las acatamos sin decir ni "mu", chupamos de esas leyes que desconocemos y desconocen porque realmente hemos perdido la perspectiva de la Ley. ¿Es esto la política del absurdo?


Ante estos desmanes se nos instruye y se nos domeña para acometer empresas épicas por las que no preguntamos, empresas descabelladas que aceptamos por pura apatía. Hemos perdido nuestro sentido de la vida y los gobernantes nos absorben las energías mediante castillos en el aire, empresas emprendidas para que nos callemos y vivamos dentro del mundo de la ficción. Hemos olvidado nuestro pasado y nos la trae floja el devenir porque estamos instalados en la inautenticidad del absurdo, pero nos da igual mientras me hagan un auditorio en primera línea de playa.


Yo no tengo dios, en todo caso me encomiendo, como Odiseo, a Hermes, pero por ventajista, a ver si me da la locuacidad necesaria para cuando vaya a comprar el pan.



06 septiembre, 2010

VERANOS DE RESUMEN



Imaginemos que una oposición, cualquiera que sea, te hace un daño excrementicio en tu podrida alma de perro y las ganas de escribir algo coherente desaparecen de un plumazo. 


Imaginemos que las ganas de leer algo con pasión son cortadas gracias a la mediocridad en la que te crees subsumido.


Imaginemos que unos chavales trasnochadores en un parque te toman por cigarrero y más tarde por un jodido camello y te envalentonas como si protagonizaras una película de Tarantino para soltarle en los morros que no quieres su dinero, que le das los cigarros por pura filantropía y que ese puto dinero se lo puede guardar para comprar un paquete a horas decentes.


Imaginemos que pones copas todas los noches del verano y soportas las estupideces y veleidades más insospechadas de los veraneantes mientras piensas que te pudriste en la facultad de tal o cual sitio y eso ya no sirve para casi nada a la vez que, los fines de semana, escuchas algún puñado de buenas canciones (thanks  Mr. J).


Imaginemos que no tienes jefes sino amigos.


Imaginemos que no te gusta el verano.


Imaginemos que tienes un blog olvidado y te sobra hasta internet.


Imaginemos que logras desconectar con un buen gin tonic de Bulldog.




Imaginemos que la tierra de un hidalgo te hace abrir los ojos y darte cuenta de que vale la pena seguir.






Imaginemos que la credulidad es bonita y barata.


Imaginemos que no me he ido.







19 abril, 2010

NATURALEZA DESATADA



Los mostradores aguantan ahítos las reclamaciones que no pueden engullir mientras la gente chilla desesperada a azafatas agazapadas con caras displicentes que juran y perjuran que el volcán ha estallado cuando menos debería y no pueden arriesgarse a que los aviones caigan henchidos de pasajeros violentos con ganas de llegar de una puta vez al destino del que no debieron salir.


La naturaleza es así de especial y su improvisada ceniza humeante corta las alas de las compañías aéreas en pos de dignificar una hostia verde, directa a las Bolsas de medio mundo. ¡Jodeos!, parece exclamar la lava rojiza, metáfora del color de los números que manejan estas compañías, ahora os toca a vosotros sufrir la larga espera, las colas y los retrasos. Un volcán se ha cargado el espacio aéreo internacional con un simple gesto, se ha desatado la hybris contra aquellos que parten el bacalao pero no lo prueban.


Es la naturaleza un todo que siempre llamó mi atención, sentado frente al televisor, antes de partir a regañadientes a las clases particulares en casa de Mari Carmen, observaba embobado aquellos documentales de la 2 que todo el mundo dice ver alguna vez en su vida, sólo que en mi caso resultaron ser un fuerte estímulo para escapar de la mediocridad en la que yo mismico me subsumí. La vuelta vespertina de mis padres al trabajo, tras una rápida comida y siesta obligada, me embargaba de soledad remota en aquel piso alquilado el tiempo necesario para que mi verdadero hogar fuera arreglado según los patrones mentales de mi madre. Aquellos documentales me acompañaban en mis quehaceres obligatorios, todavía recuerdo aquella camisa azul remetida por aquellos pantalones beige indiferente del, para mi, místico David Attenborough, su presencia llenaba mi existencia ligada a los deberes y bocadillos de Nocilla. Sus corredurías me fascinaron y marcaron pues no podía existir nadie tan aséptico y, a la vez, tan magnético; su forma de describir y enseñar rituales de bichos absorbía mis horas como ahora lo hace el trillado de Bear Grylls.






De los cuatro o cinco documentales que me solía tragar, uno, por regla general, solía ubicarse en el inhóspito Serengueti, territorio de aquellos seres espigados, de pieles parduzcas y bailes saltarines que son los Masai Mara. Fue en territorio masai donde más me gustaba pasar mi vida por la tarde, rodeado de esos felinos con ínfulas de velocistas que son los guepardos. Recuerdo como descubrí la tristeza al observar al mundo animal, a dos hermanos guepardos llamados Shankao y Liaram; dos hermanos de sangre uncidos a la trágica vida que uno puede esperar viviendo entre leones, la existencia de uno presuponía la del otro. Lloré, juro que lloré, al ver morir a uno de los dos, no recuerdo cuál de los dos felinos tuvo la desgracia de sentirse solo ante la muerte del otro, sosteniéndose famélico y lleno de pena reflejada en unos ojos valientes pero ya cansados.


Es la naturaleza sabia y nos sabe poner a cada uno en nuestro sitio adecuado para esperar, pacientes, la hora de la funesta parca; nunca volveré a ver correr por la sabana a ninguno de esos dos felinos que tantos sentimientos me despertaron aunque tampoco pensé nunca ver correr, oponiéndose férreamente a los dictados naturales, a semejante ser:




13 abril, 2010

INFANCIA, QUE NO NOVIAS: LA TORTUGA MORA


Siempre fui un chaval sanote, mi juventud estuvo dedicada al estudio sistemático, al deporte y en menos medida al cine y a la siempre ubicua literatura.
Descarrié pronto, al pasar de la sobreprotección colegial a la cantina del instituto, eso me marcó sobremanera, descubrí la siempre difícil pubertad. La vida se tornó en mi contra, tornasoló en camisetas proheavies y en chupitos de Greasy y granadina Rives, todo ello regado con mal vodka, amén de probar las mieles de los primeros días de Septiembre de otra forma: con mi culo pegado al asiento de los supensos.

Nos creíamos rebeldes y no dejábamos de repetir patrones, la anarquía no es posible cuando te acercas a los 30.

Mi despertar hormonal fue lento pero seguro, me daba cuenta de cómo salían pelos do antes reinaba la deforestación y fue en ese impreciso momento cuando no volvería a mirar a una mujer de la misma forma, allí quedó, olvidada, mi más básica y pueril infancia.
Más tarde que temprano fui comprendiendo que mi futuro no iba a ser el de un dandy donjuanesco, mi actitud frente a una tía siempre se basó en mi sonrojo y la pérdida repentina de la locuacidad y gracia de la que tan contento estaba y tan bien utilizaba en las partidas de billar u otro juego asociado a la juventud rebelde dónde unos dardos o unas monedas al Street Fighter suponía una incursión en la poblada selva de los tipos duros, esos que llamaban tanto la atención a esas chicas a las que yo no llamaba, ni la atención ni a sus hormonas.

El grupo de amigos del que formaba parte participante pero no ejecutante no se separaba fácilmente, ni siquiera para ver cómo la mayoría iba a disfrutar del movimiento de sus lenguas mientras los demás, o yo solo, miraban pensando en lo cabrón y afortunado que se era con tal o cuál muchacha y por supuesto  también en lo buena que estaba la novia de Mengano.

Es chistoso, antaño, triste.

El camino me fue abriendo otros caminos menos rectos pero igualmente insulsos. El apego a mi primo, mayor que yo, hizo que creciera rápido en "su" grupo aguantando insultos y jugando duro a eso de vivir, no había sitio para nenazas en el mundo de aquella pléyade de hijos de puta del que me sentía orgulloso, por estar dentro, claro. Aquí las tías no contaban tanto pues el fútbol, la caza de pájaros y el noble arte de construir casetas en las higueras nos distraían mientras nos medíamos las pollas (más bien cucas) para ver quién era más hombre. En esto ocupábamos todo el tiempo.
Este período se pasó en unos meses, hasta que renegué de mi presente para apearme en mi pasado.
Volví por mis fueros, más hombre y menos chiquillo, eso si, mismos resultados, no me comía ni un colín por lo que las pajas agotadoras satisfacían mi insatisfacción carnal.

Todo esto cambió un día en el que por fin pude irme a la playa como todos aquellos que partieron ante mis estúpidos ojos como humanos y volvían como héroes, cogido de la mano de una chica.
El resultado me desagradó hasta el extremo, (no creo que lea este blog ni sepa de su existencia sino pues a quejarse y querellarse contra mi persona) no me esperaba aquello pero claro, la tía con la que me fui a la "guerra" no me gustaba lo más mínimo. Mi ansia estropeó el resultado.
Conocí más tarde a una chica con la que pasé ocho años de mi vida para luego ser fiel a mis principios y abandonarnos porque mi cuerpo anticipó, sin dejarme dormir más de dos horas seguidas durante un año, que aquello no era lo que quería y buscaba aquel chaval mojigato transformado en concienzudo gilipollas.

Hoy día considero que aquello me mal curtió. Pero encontré a mi otro, una persona que siempre busqué proponiéndomelo hasta que, hace dos semanas, encontré en una vuelta por el campo a esta chica de la que no me enamoré pero hizo que recordara mi primer beso tumbado en la playa y, debajo de mi, una mierda de perro. Para olvidar.


P.S. No se me ocurrió dejar a mi novia. Todavía comemos perdices.


28 marzo, 2010

ATRACCIÓN



Abandono mi posición horizontal porque el calor del sofá se está haciendo demasiado sofocante, si no fuera porque nunca perpetré un crimen, la luz proyectaría mi febril sombra de Raskolnikov sobre  la anodina compañía de la nada. No logro hablar con mis demonios aunque no reniego de ellos en espera de la ansiada anagnórisis final, les envidio. Siempre me sentí identificado por el reverso, las personalidades hondas e inextricables; y he llegado a entender qué es lo necesario.


Lo necesario se quita los tintes de lo maniqueo, lo bueno y lo malo no es una escala válida, es, simplemente, otra escala. 


Contengo la respiración ante las personas que me dan respeto, sé que en el fondo es puro el miedo que siento, antaño lo llamaba educación. Mi imantación queda supeditada a lo sublime y, en el fondo, repudio al que estoy admirando pero la atracción es más que patente. Entro en el terreno de lo confuso, en el fondo me gusta ese grado de hijoputez tan necesario hoy día para ciertas almas errantes, grado que no logro alcanzar porque sé que soy tan simple como un biberón. 


La catarsis me afecta como cuando éramos niños y nos creíamos inmortales, el simple hecho de ver una película de héroes nos convertía en héroes, la lectura de almas profundas y podridas de abyección moral me resuena meses en la quijotera, es el lado que he decidido habitar.


Es extraño ese acercamiento al otro, ese otro que se sabe execrable y permanece inalterable, mostrando toda su exquisita educación ante ti, sabiéndose superior a ti, rebajándose ante ti.


Es, por tanto, indisoluble la doble vía de admiración y repudio que sienten mis entrañas. 


Juguemos a un juego. Escribimos en un papel el nombre de algún personaje de cine, estereotípico, y decidimos poner ese papel en la frente de algún compañero de mesa, sin que él lo vea, ahí radica la gracia. Más tarde, tras tener los papeles bien pegados mediante beoda saliva, damos el turno de palabra a aquél al que le apetezca empezar. 


Todo esto me lleva irremisiblemente al coronel Landa:


- Bien, entonces vivía en la selva y me llevaron a América en barco, en contra de mi voluntad... ¿Soy un negro?
- No.
- ¡Entonces soy King Kong!

27 marzo, 2010

CABESTROS CON VISA



Puede que las épocas de crisis agudicen el ingenio a algunos, puede. La acuciante falta de dinero nos hace ser inconsecuentes con nuestras convicciones, llegando a cotas insospechadas; cotas que en situaciones normales ni siquiera rondarían nuestra cabeza.


Últimamente puede verse con cierta asiduidad un método de ganar dinero que ríanse ustedes de la puta de Babilonia, hemos llegado a un punto en el que vender la virginidad se puede pagar y no es precisamente barato. Hay casos en los que mujeres (también hay algún que otro tío) que se han visto sobrepasadas por la época en las que les ha tocado vivir han puesto en venta su imen por pura necesidad, en el fondo del asunto solemos encontrar el ansia por salir adelante, dejar atrás las penurias pasadas tasando aquello que más puede apreciar un humano.


La virginidad siempre ha sido un terreno acotado, el terreno de lo prístino y lo puro, algo que alguien se puede guardar como un preciado tesoro. Quizá sean unos románticos empedernidos los que piensan que con el primer polvete se es menos puro pero en el juego de la virginidad entran muchos factores, uno de ellos, sin lugar a dudas es el consentimiento mutuo.


Cada uno puede conseguir dinero como le dé la real gana pero lo que aún no comprendo es como vagan por la tierra cabestros con Visa dispuestos a desvirgar a una mujer por un puñado de dólares. A éstos, pudiendo irse de putas, les atrae el olor de la sangre joven, una muesca más para su cinturón no estaría mal. Luego de haberse consumado el hecho espero que no farden con los amigotes.
Las cifras que se llegan a pagar por estos actos no son nada despreciables por lo que hablamos de gente con cierto poder económico, gente de dudosa catadura moral, hijos de puta consumados y consumidos por el libidinoso arte del follar para lucirse ante la plebe que les contempla. Se pueden pagar lo que otros consiguen con esfuerzo y relación.


Patéticos.



19 marzo, 2010

HIPÓCRITA


Mi niñez está plagada de imágenes veladas así que lo que digo no me pasó sino que lo rememoro y lo redibujo. Al crear esta infancia puedo acordarme de cómo una mañana de domingo, mis padres (yo aún era hijo único y repelentemente gilipollas) me llevaban, como no podía ser de otra manera mientras viviera mi abuelo, a eso de no perder el contacto con la consanguinea estirpe. 
Yo, sin sospechar nunca aquello de que a los amigos los eliges y a los familiares te los tragas, refunfuñaba como todos los domingos y abogaba por quedarme en casa de mi otra abuela, con la que yo tenía ligazones demasiado profundas, mucho más profundas que las que me provocaban los padres de mi padre.


Creo salir de casa llorando hacia el coche, pegando berridos estridentes en la escalera y montando un auténtico espectáculo ya dentro del vehículo. Ante tanta rabia contenida, ataque de huevos lo llama él, mi padre se bajó, dejando la posición de piloto desierta, y abrió la puerta de atrás a la que yo pegaba patadas insistentemente, con fuerza. En la mano blandía su zapato. Zapato que estampó varias veces en mi lastimoso culo mientras le resbalaban lágrimas por las mejillas camino hacia su bigote. 


Quizá quiso enseñarme a respetar también a sus padres pero yo me di cuenta de que aquello le había dolido a él más que a mi culo. Fue la única vez que recuerdo que me pegó mi padre, sólo esa vez, por eso la recuerdo, no me la invento, ni la disfrazo, ni la hago desaparecer de mi selectiva memoria.
Meses más tarde atropellaron a mi abuelo. Murió. Apenas me dolió y, pasando el tiempo, fui consciente de lo que había pasado, aquella persona que me quería llevar a ver a su padre no siguió intentando unir a unas personas amalgamadas por el cabeza de familia con la consiguiente pérdida de interés por mi parte, unida inexorablemente al olvido y casi total desconocimiento de todos aquellos tíos, tías, primos o primas a los que relaciono con la muerte de mi abuelo. 


Nunca fui honesto, fui un zagalico hipócrita.





18 marzo, 2010

MÁS HONESTOS TRAGOS DE PEREGRINO Y GINEBRAS

... la camarera ya estaba al tanto de nuestro juego, si se vaciaban los copones venía rauda y nos ponía otras dos ginebrazas apenas sin nosotros abrir la boca...

- No sé si he superado todavía todo lo que me ha pasado. Estoy preocupado.
- Eso es normal, al hombre le duele su ignorancia, tienes un afán por conocer a sabiendas de tus limitaciones. Deja las cosas atrás, superar es heredar y añadir, sírvete de eso.
- Ya pensé hace mucho, desde que leí aquello que me dejaste, que no somos la suma de lo que hemos sido sino de lo que anhelamos ser.
- Puede ser, ahí entra la fatalidad del destino, debemos conocer nuestro deseo, ese ansia de poder va unida a la libertad de decisión. Hemos de aprender a interpretar esos deseos y, de alguna manera, refrenarlos -los hielos sonaron huérfanos en la copa.
No dejas de ser alguien que se deja arrastrar por la masa social de la que emanan las costumbres y los tópicos que fluyen en tu interior. La preocupación es ocuparse por anticipado y la despreocupación exhala pavor, el pavor a decidir por ti mismo en un afán por ser como los demás renunciando a la responsabilidad. El ideal del débil, hacer lo que hace todo el mundo es su preocupación por lo que el despreocupado se suplanta a si mismo.
Me alegra tu preocupación.

10 marzo, 2010

TEORÍA DE BAR SOBRE LA NOSTALGIA

...tras dos Gin Tonics....

- ¿Sabes? Eres un nostálgico.
- Te acepto el comentario aunque te voy a decir que existen dos tipos de nostálgico. La nostalgia es una forma de de echar de menos y esa forma se manifiesta de diferente manera en el nostálgico. Tenemos aquellos que han creado en torno al concepto una serie de inextricables términos estúpidos que se mueven por el terreno de lo confuso. Es esta subespecie una clase que mira hacia el pasado agarrada a su tarjeta Visa, creyendo que son "vintages" o "retrocarcas" o como coño quieran llamarse. Es la forma en la que manifiestan su nostalgia, cogen del pasado lo que pueden pagar en el presente - vació el copón de Seagrams y se encendió un Chester sin prisas.
Luego tenemos al nostálgico que emana ese candor inconfundible y que echa mano de todo aquello que ha ido guardando desde su saberse nostálgico. Es esta una nostalgia distinta y, creo, en esencia, más pura. Sólo éste último siente la tristeza melancólica que origina su recuerdo, el primer tipo no alberga tristeza, amasa posesiones.
- Pasamos de creernos "vintages" a formar parte del lumpen.
- Mira, unos los somos dignamente, otros se lo creen.

02 marzo, 2010

SINESTESIA


Caminan mis ojos por la mañana, temprano, hacia el váter atentando contra contra el sueño que sufren mis orejas aún rojas de vergüenza y ávidas de un poco más de manta.
El espejo muestra otro día menos, mi piel chilla, ahora cetrina bajo la tenue luz de la bombilla medio muerta, contra la soledad de la imagen que ve las horas reflejadas.

No me levantaré más, he llegado al absurdo, al vértigo del ¿qué más da?, se puede pisar el suelo con estas manos mojadas en la inacción que todos los días me permito, mi tiempo y mi circunstancia pasan sobre mi cabeza alopécica dejando un peso cada vez más hosco y oscuro en lo profundo de estos ojos que iban al váter sintiendo la pesada carga de saberse un estorbo para con mi lenguaje.

Es verdad que la soledad se hace soportable cuando más solo se está y que la compañía se me hace insoportable en medio de la multitud, prefiero una soledad que ruja en la cara y eche su vaho en mi nuca mientras huelo la liviandad que me soporta mucho antes que una masa informe y vacua que habla mucho y comunica poco en la que mi nariz se da de bruces con otras narices, en la que mis ojos rehuyen contactos y donde tengo la impresión monocroma de ser parte sin ser juez.
Comerse desapercibido para regurgitar soledad sabiendo que la indiferencia me ayuda a correr con los oídos conversaciones en las que realmente tengo poco que inhalar.

Alegre de descansar en susurros abandono la mañana para penetrar en otra tarde menos de lámparas que apuntan al techo y acordes que perlan mis espalda harta.
He renegado de mí pero me doy cuenta de que esto soy yo, me estoy siendo y ahora comprendo que mis antiguas consignas eran falsas, falsas para mi, falsas contra mi. Prometí muchas veces, faltándome virtud ascética y sobrándome pecado y dolor, intentar cambiar.

Qué falso he sido conmigo y ahora saboreo mi asco.

No puedo cambiar porque el tiempo ha hecho que mis ojos oigan y mis oídos sufran, las lágrimas no son tan dolorosas en el devenir.

- ¿Contento?
- No. Estoy siéndome.

17 febrero, 2010

LEVIATHAN




















Es patético (acerquémonos a la etimología y a su sentido épico) ver cómo los que se dicen rectores de este anonadado país no son capaces de ponerse de acuerdo en nada, los anunciados pactos sólo se convierten en farsas televisadas en las que nada se aclara y en las que las distancias aumentan como la desesperación de mucha gente ante esa clase social.

Son los políticos cada vez peor vistos por el personal que, por cierto, no deja títere con cabeza en lo que concierne a poner notas a nuestros regentes, de todo tipo y color, cuando sacamos las encuestas de marras para saber quién es el malencarado del mes.

Quizá sea un hipócrita diciendo esto desde mi voluntaria vida eremítica preoposiciones, tapado con una manta y ahora mismo tocándose los huevos (metáforas creciendo en el cerebro) pero me da asco palpar el nivel de crispación que emanan las tertulias, me hace reflexionar si existe la posibilidad de que haya alguien que quiera erigirse en preboste previo pago de una España insostenible en lo social; quizá.


28 octubre, 2009

NIHIL NOVUM SUB SOLE


Tiempo ha que no me paseo por estas líneas escritas en conatos de rabia, fuerza, ilusión o lo que quiera que me moviera algún día a ofrecer.

Nihil novum sub sole.

Miro por la ventana sucia de gotas de lluvia barrosas, pegadas al cristal, cómodas por la luz ténue de mi flexo, viéndome estudiar y rezongar al mismo tiempo. No hace mucho tiempo el tiempo plomizo me invitaba a la reflexión, arrebujado entre tés y humos nocivos pensaba en el futuro que no sé.

Leo a Delibes y sonrio ante la pueril risa del Mochuelo, la ingenuidad fatua, la poesía prosificada de los paisajes revierten, vuelven a su mundanidad y me calza cuatro hostias de realidad El Moñigo.

Empiezo a estudiar de nuevo y me acuerdo de un blog, de una memoria escrita en los albores del dospuntocerismo. Me sonrío, mis dientes espejean amarillentos ante los vecinos del bloque de enfrente a la vez que me cuestiono si es posible ver un mosquito en pleno mes de Octubre sobrevolando la habitación. Viene a dar un rato por culo. Es su cometido. Lo es. Hembras.

Pienso en mi viaje a Sitges. Zombies y sangre, cine y sentimientos, he de volver y ver más películas, este año me ha sabido a poco, muy poco, poquísimo.

Creo que he vuelto pero creo que no he cambiado. Sigo con Delibes y no precisamente de novio.

12 mayo, 2009

IDEAS PULP

Tras mucho tiempo tras el pelotón de fusilamiento llega de nuevo el verano tan caluroso como pegajoso, mis camisetas muestran ya las manchas bajo mis sobacos cada vez que me atrevo a salir a la calle y mi frente pide agua sin saber que lo mejor estará por llegar. Sudando también estamos vivos. Me encuentro en una conversación estúpida con mi ordenador como aquellas en las que no se sabe qué decir frente a un amigo absurdo:

- Qué rápido se pasa el año.
- Pues si, la verdad.
- ¿Tenemos queso en la nevera?

- Es posible que no. Un momento, ¿no compraste una cuña el año pasado?
- Eso es agua pasada, un buen baño no me vendría mal, este calor me está matando.
- Pídete una caña.

- Te he dicho un huevo de veces que no me gusta la cerveza, mejor me pido un gintonic.
- Eso está mejor, me pido yo otro.
- ¿Cómo hemos llegado a esto?

- Piénsalo mientras me acerco a la barra, ¿quieres limón exprimido?

- Lo que no quiero es un trozo de pepino, no me gustan las rodajas de pepino flotando en mi ginebra, ¿a quién le gusta esa mierda? ¡Qué manera más asquerosa de beberse una Seagram´s!
- No te preocupes, quizá sea la última de la temporada, no hay tiempo para más, esto se está acabando.
- Cuando llegue a mi casa me haré un sandwich, una pena, no tengo queso.

Seguid bebiendo, estúpidos.

No me siento estúpido, más bien me siento tonto, qué le voy a hacer yo si me bombardean todos los días con carteles que rezan aquello de "yo no soy tonto" si compro; no compro, por tanto soy tonto. Silogismos aparte, éticas de firma roja, las marcas se tambalean, se ciernen sobre nuestras cabezas subyugando nuestro gaznate, no demos de lado a las marcas, démosles por culo (otra forma reconfortante y reconstituyente del tradicional sexo atávico). Recuerden: yo no soy tonto pero me gustan que me den bien por culo.

Culo.


La sensación de malestar por tener algo en mi sagrado agujero sin estar alojado allí físicamente me jode pero me hace infinitamente feliz ante la figura de Marcellus Wallace, no es lo mismo estar esperando que esperar a Seth. La redención siempre puede esperar si estás a mil jodidas millas de estar bien acompañado de un par de negros empapados en crack. Definitavemente no es lo mismo que te guste la Edad Media que disfrutes practicando el medievo en el culo de un puto degenerado, no es lo mismo hacerse pajas con revistas de interiorismo, no, no es lo mismo.

La mismidad misma.


Tiempo de los mismos líderes que vuelven y han envejecido tan mal que se creen conservados y realzados por barricas de roble, su contenido no se basa en una extraña y deliciosa mezcla de monastrell y syrah, no, su base es el hollejo rojo casi negro empozado en el fondo de sus preciosos culos, más que preciosos, ególatras. En tiempos difíciles es hora de llamar al señor Lobo, darle una buena taza de café y dejar que organice el trabajo para bajarnos los humos, recuerden que ser una personalidad no implica tener personalidad.


Personalidad.

Se extingue la personalidad de una generación entre la que me crié (¿o no?) y parece que la tradición de la ruptura se ha cumplido con creces, se olvidan a los clásicos cuando el (puto)Amo del calabozo lanza gemidos de satisfacción cuando recibe los royalties que él mismo desconoce, la polla de Seth es alargada. Se ciernen nubarrones negros, se ha derramado sangre esta noche en DEC.


30 diciembre, 2008

EL LEGADO

¿Han muerto alguna vez? No, no me contesten si están leyendo esto, por favor. No sean cínicos. Yo, no lo pretendo.
Morí hace cinco años (creo) y no soy capaz de recordar muchas anécdotas de una vida frugal. Aunque, no me pregunten por qué, si que soy capaz de recordar ahora mismo y en cualquier instante, algunos aspectos de mi aviesa existencia y un breve diálogo que tuve, tiempo ha, con alguien (¿quién?):


- Pues una cosa te voy a decir…

- Ya empiezas.

- Déjame que te lo diga.

- Vale, vale, no te interrumpo más..

- A ver si es verdad. Quiero que sepas que a un amigo lo elijo por su apariencia…

- ¡Vaya!

- No me interrumpas, por favor. Y a un enemigo lo escojo por su inteligencia.

- Hombre, eres hábil para saber rechazar a la gente.

- No es eso, he de conocerla antes.

- Pues yo creo que los verdaderos amigos no existen. No, no existen. Es más, alguien escribió una vez que uno nunca se entristece del todo con la desgracia de un amigo.

- Veo que eres un auténtico mal nacido.

- Bueno, piénsalo.


Pienso que nunca me he dado cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, de su impertérrita delicuescencia. Pero de qué vale arrepentirse ahora. No creo que deba de estar orgulloso de lo que he hecho, de a quien he conocido.
Es ahora cuando miro atrás y logro sentir el tiempo conocido escapándose por entre los dedos de mis manos, tocándome los vetustos surcos de mi cara.
Sé con certeza que mucha gente se sintió decepcionada conmigo, ultrajada y desposeída de su más alta estima al tratar conmigo, lacerada al sentir la breve pátina de mi mirada.


Recuerdo vagamente que me gustaba mirar en derredor y jactarme de la soledad, solazarme en mi profunda avaricia vital. Creo que ya se están creando un juicio, pero, por favor, lean mis palabras y dejen a un lado mi persona.
He conocido a muchas personas, algunas de ellas, las más conspicuas de su clase, otras, las menos, las más abyectas y despreciables. Aunque, por qué no decirlo ahora pasado el tiempo, yo he sido el peor ser humano que he conocido, el de más baja calaña, de una miseria moral enervante, misógino hasta la médula, un ácrata que no creía en nada ni en nadie, a quien la ley le parecía una mera excusa para la subyugaciòn del pueblo, aunque, para serles sincero, yo no pensaba en el pueblo, pensaba sólo en mí.


Solía acudir a fastos en los que se reclamaba mi egregia presencia, empero, disfrutaba mucho más organizando conciliábulos regados de alcohol y abundantes viandas. La más amarga de las razones (ahora me doy cuenta) me llevaba a semejantes cenáculos; me gustaba invitar a personas de baja condición social, tipos idiotas que no sabían cohesionar dos simples pensamientos y soltarlos por sus desdentadas bocas, universitarios a los que me gustaba impeler mediante mis viles y torvas ideas y, por supuesto, sabía que no me iban a contestar estupideces preñadas de la más antigua retórica barata. Me enorgullecía en atraer a lenguaraces jóvenes con nula capacidad a la réplica, sin embargo, algo de lo que ahora me he de sonrojar, es de permitir que algunas mujeres de casas de latrocinio cercanas, se acercaran por mi casa y las insultara y denostara hasta que se sintieran más basura de lo que eran; era este momento de aquellas innúmeres noches en las que fustigaba a aquellas furcias, en las que me sentía poderoso, magnánimo ante sus párvulas cabezas y sus intimidados ojos que refulgían de terror y, por que no decirlo de nuevo, asco; un asco extremo, el más amargo de los ascos al ver (supongo) a un hombre de tal calidad moral, de tal capacidad de humillación.


Pero creo que estas famosas cenas no duraron mucho, realmente no tengo la capacidad de acordarme de cuántas organicé. Quizá fueron cinco, quizá fueron cincuenta.
A estas alturas ya se estarán preguntando que a qué demonios me dedicaba y cuál era mi condición social. Es algo que no ha quedado bien grabado en mi frágil memoria. Lo que sé a ciencia cierta es que me aproveché de un familiar mío que poseía gran poder en la zona en que vivía. Si, fui un nepotista, alguien a quien le gusta escalar posiciones sin tocar la mugre de clases inferiores, de gentes apestadas y sarnosas cuyas casas infestadas de ratas, desprendían el olor nauseabundo y agrio de la insalubridad.


De algo que me acuerdo bien es de mi pequeño palacete de estilo renacentista, perfectamente ornado en su tejado, por un pequeño cimborrio gótico que hice construir y no me digné a retribuir. En esta pequeña torre conminé a instalar una diminuta recámara en las que apilé mi exorbitante colección de deliciosas figuras cuidadosamente coleccionadas a lo largo de los años. Si de algo se me puede acusar es de fetichista, aunque eso si, el mas delicado y exhaustivo de los fetichistas a los que conocí, que, por cierto, no fueron ni muchos ni muy delicados y exhaustivos.


La lacerante apatía que, creo, les estoy haciendo despertar de su largo letargo de armonía y filantropía creo que es injustificada porque, créanme si les digo que pagaría algunos cientos de copecs por ver qué habrían hecho ustedes en mi posición. No me degraden de antemano y sólo por unas míseras líneas.
Si he de decir algo más de mi confusa existencia que no me lo impidan los vagos recuerdos (y puede que a ustedes no les importe), es que fui un escritor diletante. No me ganaría nunca una soldada con mis paupérrimos escritos aunque, para ser sincero, lo intenté, lo intenté en varias ocasiones ya que ese realismo imperante en la literatura no era para mí. He de decir que fracasé en los intentos de poder hacer apreciar a la gente que mi obra era excelsa, magníficamente estructurada y de una cohesión y profundidad moral y vital sin parangón. Nadie me entendió, ni siquiera llegaron a columbrar mi osadía literaria. Que se los lleve el demonio.
No recuerdo mucho más, sólo aquella noche cálida en la que el cielo se veía por mi ventana liliáceo, veteado de manchas negruzcas y el olor era pegajoso. Después de algunas reflexiones, me insté a subir a la torrecilla que me hice construir. Una vez en la recámara, cerré los goznes dorados de la voluminosa puerta y me encerré allí hasta hoy. Si, no se asusten, estoy muerto en vida, muerto de una forma en la que es mejor la muerte física. Me encuentro en un ignominioso marasmo físico, mi cuerpo enteco apenas ya puede moverse con dificultad. Mi cabeza, otrora portadora de hermosos cabellos, ha devenido en una cetrina piel coronada por pelillos esparcidos veleidosamente. Por extraño que les parezca, quise encerrarme bajo mi voluntad. Gracias a mi acción sé quien he sido, así que, discúlpenme de nuevo, no me juzguen tan a la ligera por mis actos.


Júzguense ustedes mismos y tengan el valor de decir cómo han vivido, no se engañen porque las mentiras se instalarán en sus hermosas cabezas y no sabrán vivir sin espumear bilis. Yo he tenido el valor y sé que confinarme les puede parecer una acción digna del más egregio de los orates pero si son un poco perspicaces, se darán cuenta de que soy inmortal y he perdido la cuenta ya de los lustros en los que me hallo en la faz de esta tierra estéril. No he muerto ni nunca moriré físicamente y gracias a ustedes, tampoco moriré literariamente.

07 marzo, 2008

FRAGILIDAD MERIDIANA

Somos frágiles, la línea que nos separa de la nada es realmente tan delgada que si nos paramos a pensar un ratico nos entrarán ciclópeos mareos y brutales vahídos. Mis últimas lecturas me encaminan (lecturas orientadas, claro está) a la idea de la fragilidad, idea ésta latente y viva. Bien es cierto que la mayoría de la cultura se nos ha transmitido desde siglos en uno de los medios más sensibles y débiles que el ser humano haya inventado: el papel (léase también papiro o pergamino).

Nuestra cultura ha sido (quizá no nos hayamos dado cuenta o no le hayamos proporcionado el suficiente valor) promovida a lo largo de los siglos (no siempre, claro está, pues la invención de la imprenta ha sido decisiva en la transmisión) en papel, es por esto por lo que hoy no podemos disfrutar de algunas obras de las que tenemos constancia por medio de otras obras ya que ese papel que porta el escrito es tan débil y está tan expuesto a los peligros que asusta mirar atrás y saber que nuestra base es sólida y que la consolidación de muchos clásicos (literarios) no ha sucumbido a la fragilidad del papel (Kafka ordenó quemar todos sus escritos, el siglo XX no hubiera sido lo mismo sin el autor de La metamorfosis o El proceso).

Quizá tenía razón Platón cuando decía que la escritura era cosa inútil, el diálogo era para él el mejor método para la discusión y el intercambio de ideas, la reprobación y el usufructo, por eso si la escritura debía aspirar a algo debía de ser al diálogo, al quid pro quo.

Somos frágiles y yo cada día me siento más frágil en este mundo de móvil-dependencia en el que no sé ya vivir atado a las argollas del 3g, en el que la vida no es lo mismo si no tenemos cobertura, vida que es menos vida delante de la televisión, vida sedentaria y esclava, vida en el que la única ventana al mundo es una pantalla de ordenador, vida, al fin y al cabo, aburrida.

Platón, hemos perdido, el diálogo ha mutado a sms indescifrable y la comunicación se ha perdido en pos de la bajada de precio de las televisiones planas.



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